¿por qué productos veganos?

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El primer boletín de la Vegan Society, la organización decana en este campo, lo recibieron seis personas. Era 1944, en plena Segunda Guerra Mundial, en tiempos de carestía y racionamiento, cuando Donald Watson, un maestro de carpintería inglés, fundó esta organización junto a media docena de amigos. Y además creó una palabra, vegano, que entonces solo entendían ellos, pero que hoy define una filosofía de vida compartida por decenas de millones de personas en todo el mundo. Una filosofía que en dau al deu impregna lo que hacemos, nuestras telas estampadas artesanalmente una a una y nuestros bolsos y accesorios hechos a mano. ¿Por qué productos veganos?

Teclee en Google. El buscador es el ojo que todo lo ve. Sabe qué hacemos, qué deseamos o qué pensamos, incluso antes de que sepamos que vamos a hacerlo, desearlo o pensarlo. Cuando une las preferencias de millones y millones de personas es capaz de conocer hacia dónde vamos como sociedad, y todo parece indicar que caminamos en dirección al veganismo, no solo en la alimentación, sino también en la moda y otros sectores. ¿Datos? Desde el 2015, las búsquedas relacionadas con esta palabra se han multiplicado por tres o más en países como el Reino Unido, Francia o España, y por dos en Estados Unidos. ¿Por qué ese interés?

Bienestar animal

El primer gran motivo es favorecer el bienestar animal, aunque hasta cierto punto esa sea una expresión inexacta, un eufemismo. En realidad, el objetivo es evitar hacerse partícipe de la extrema crueldad con que la gran industria trata a los seres vivos. No se trata únicamente de que para fabricar un artículo de piel o que para comer carne haya que matar a animal, sino que en las últimas décadas a esas circunstancias se ha unido un proceso de hiperindustrialización que ha hecho que las condiciones de vida en enormes granjas y complejos productivos sean, por decirlo con suavidad, lamentables.

Un segundo grupo de personas llega al veganismo –no confundir con el vegetarianismo– por una cuestión de salud, para cuidarse mejor a sí mismos. Consideran que una dieta que excluya alimentos de procedencia animal es más sana y que puede ser igualmente equilibrada.

Salvar el medio ambiente

La tercera gran causa es el respeto al medio ambiente. La cantidad de estudios es abrumadora, pero, por citar solo uno, una investigación de la Universidad de Oxford señala que el consumo de productos veganos –alimentarios o no– sería, por sí sola, la mayor aportación para frenar el efecto invernadero, pero también para racionalizar el uso del agua o de la tierra en todo el planeta.

Según uno de los autores del estudio, adoptar un modo de vida vegano “sería mucho más eficaz que reducir los trayectos aéreos o cambiarse a los coches eléctricos”. Otra investigación publicada por la prestigiosa revista científica Nature afirma que el consumo de carne en los países occidentales debería reducirse nada más y nada menos que un 90% si se quiere contener el calentamiento global.

El estilo de vida vegano también entra en el terreno de la moda; en nuestro caso, en los bolsos y accesorios hechos y estampados a mano

Para los profanos, hace no muchos años, hablar de veganismo era casi como hacerlo de una dieta cualquiera y poco más. Eso, en el mejor de los casos, porque no eran pocos los que lo miraban con recelo. Pero desde hace un tiempo este concepto se ha normalizado y se ha extendido a muchos otros ámbitos. Al fin y al cabo, ni el sufrimiento animal ni el deterioro del medio ambiente se deben exclusivamente a nuestra forma de alimentarnos y, por tanto, esta es una filosofía que trasciende hasta alcanzar todos los aspectos de la vida.

En otros campos, como el de la cosmética, los productos veganos se están convirtiendo en la gran tendencia emergente, hasta el punto de que se estima que alcanzarán este año un volumen de ventas en todo el mundo de –atención– 20.000 millones de euros. No se trata ya únicamente de que los productos cosméticos se elaboren sin componentes de origen animal, sino que en su proceso de creación no se experimente con seres vivos. Cada vez más consumidores toman conciencia de que el bienestar propio no tiene por qué pasar por el maltrato y, por eso, para muchas marcas, la preocupación sobre el impacto ético y medioambiental es la cuestión número uno que tienen que resolver.

También la moda

Lo mismo se puede decir de la moda. La moda vegana se define como la que evita la crueldad animal, es decir, la que se elabora sin piel, plumas, lana o cualquier otra fibra de esta procedencia.

La idea, por tanto, no es poner el foco únicamente en los productos que comportan la muerte del animal, como podrían ser las pieles, sino también todos los que implican su explotación aunque no supongan acabar con su vida, que en la mayor parte de los casos pueden suponer un mayor o menor grado de crueldad, como sucede con la lana.

También en este caso es muy importante tener en cuenta el impacto medioambiental. Un estudio publicado recientemente señalaba que solo en Estados Unidos la industria de la piel contamina tanto cada año como treinta millones de coches. Y con los actuales procesos de producción todos estos materiales pueden ser sustituidos por otros que no sean de origen animal. Sí, incluso la piel.

El mundo artesanal

El empuje de la moda vegana es muy grande, tanto que en muchos lugares se celebran ya pasarelas y festivales de alto nivel, la más importante de las cuales es la Vegan Fashion Week de Los Angeles. Mientras, grandes marcas impulsan líneas de producto pensadas para consumidores veganos y una legión de pequeñas empresas y artesanos basan su negocio en esa filosofía.

Este último es nuestro caso. En dau al deu no hacemos bolsos y accesorios veganos exclusivamente porque haya un mercado potencial emergente, sino porque forma parte de nuestro propio ADN. El bienestar animal es una parte fundamental de nuestra forma de pensar y de nuestra forma de ver el mundo que nos rodea, y por tanto, a la hora de emprender un pequeño negocio artesanal, no nos lo podíamos plantear de otra manera.

Una tendencia emergente

Los datos de Google que se mencionaban al inicio no son los únicos que avalan esta tendencia. En Estados Unidos, por ejemplo, una encuesta señala que una cuarta parte de las personas entre 25 y 34 años –los célebres millenials, es decir, los que marcarán las pautas de consumo de las próximas dos o tres décadas– se definen a sí mismos como veganos o vegetarianos. Mientras, marcas situadas en las antípodas de esta tendencia se apuntan ahora a la corriente. No es raro, pues, que en el 2018 el prestigioso semanario británico The Economist proclamara el año siguiente como el de los veganos.

What a time to be alive, podrían decir hoy, casi ochenta años después de aquel primer boletín, Donald Watson y sus amigos de la Vegan Society.